LA CREATIVIDAD: OPORTUNIDAD PARA EL DESARROLLO SOCIO-ECONÓMICO

POR: Andrew Mercado Vázquez

Entre las características que distinguen a los seres humanos del resto del reino animal es nuestra habilidad para “crear”. No importa cuán diferente sea cada individuo, cuan distinta sea su idiosincrasia u origen racial, cada uno es, de manera tácita o expresa, creativo.[1] Ciertamente, al ser una característica fundamental de la especie humana, la creatividad no se circunscribe a cierta demográfica o demarcación. Concordamos con John Howkins cuando describe la creatividad individual vis a vis la creatividad generadora de bienes: “The first is a universal characteristic of humanity and is found in all societies and cultures. It is found both in free societies, which encourage it, and closed totalitarian societies, which usually try to stifle it.”[2] La necesidad de crear que siente cada individuo, en mayor o menor grado, no se relaciona directamente con la actividad que este lleva a cabo. No es necesario que la persona natural se desenvuelva en una disciplina específica para que se consideren sus acciones “creativas”. Desde la formación de una teoría legal que fundamente un argumento, hasta el desarrollo de un libreto para una obra de teatro, la creatividad es parte de ser humano ya que se nutre de la actividad humana. Shubha Ghosh ilustra perfectamente esta idea al analizar la relación entre la creatividad y el derecho:

“Our inquiry into law and creativity reduces to an inquiry about what people do, what activities and actions do they engage in. What unites law and creativity, work and play, is their shared origins in human activity, however motivated, to whatever purpose directed….It is the raw material that constitutes creativity. It is the raw material that constitutes law.”[3]

 

Al estar presente en todo individuo, la creatividad, en distintos grados, está presente en cada sociedad. Es decir, la creatividad, en sus diversas formas, va a estar donde haya gente. Esta flexibilidad le permite perseverar aunque el individuo que la ejerza se encuentre en una situación desfavorable. Lo anterior es correcto si consideramos la siguiente data:

“Figures published by UNCTAD in May 2013 show that world trade of creative goods and services totaled a record US$624 billion in 2011 and that it more than doubled from 2002 to 2011; the average annual growth rate during that period was 8.8 per cent. Growth in developing-country exports of creative goods was even stronger, averaging 12.1 per cent annually over the same period.[4] (Énfasis nuestro)

 

Recordemos que la creatividad que da paso a la producción y venta de bienes nace de la actividad humana; y esta actividad humana nace a su vez del esfuerzo colectivo ejercido por individuos. Esto, hasta cierto punto, nos presenta un contraste con la concepción clásica de la actividad económica y su relación con las figuras corporativas. Mientras que por un lado el éxito económico de las ciudades se evaluaba considerando la cantidad de corporaciones establecidas en su área, los individuos, la gente, se está convirtiendo en el factor más relevante.[5] Esto nos permite entender la importancia que tiene la creatividad al momento de considerar formas de mejorar el estado socioeconómico de un país. Ahora bien, si esperamos disfrutar de los frutos de la creatividad, debemos tener una idea de lo que es. Nuevamente nos asiste John Howkins cuando nos brinda una definición de la creatividad: “Creativity is the ability to generate something new. It means the production by one or more people of ideas and inventions that are personal original and meaningful.”[6] Nos parece apropiada esta definición ya que es lo suficientemente abarcadora para incorporar todas las distintas modalidades de creatividad que es capaz producir el ser humano. Si aceptamos lo anterior, entonces nos parecerá natural entender lo vital que puede ser la creatividad en momentos de una crisis económica y social.

Consideramos que una de las características de la creatividad que permite que sea tan económicamente viable es que da paso a la producción de ideas. La creatividad del individuo es una fuente de ideas e innovaciones que tienen el potencial de convertirse en riqueza socioeconómica. Hacemos nuestras las palabras de Richard Florida cuando, discutiendo las conclusiones del economista Paul Romer sobre las ideas, indica que

“Ideas, he notes, are especially potent because they are not like other goods, such as mineral deposits and machines, which deplete or wear out with use. A good idea, like the concept of the Wheel, can be used over and over and over again and in fact grows in value the more it is used. It offers not diminishing returns, but increasing returns. Moreover, an idea can be built upon. As other people apply their own creativity to a new scientific theory or product design, they can tinker with it, improve it, and combine it with other ideas in growing proliferations of new forms.[7] (Énfasis nuestro)

 

El efecto acumulativo de la creatividad da paso a la consideración de una economía creativa que tenga a su centro la creatividad humana como principal motor económico. Aunque abarcador, se puede considerar que las siguientes figuras son las más afines a la economía creativa: derechos de autor (copyright), patentes (patents), marcas (trademarks) y diseños (designs).[8] Al ser todas variantes de la propiedad intelectual, les aplica la siguiente consideración de Megan M. Carpenter al escribir sobre la importancia que tiene la propiedad intelectual en la transición de una economía basada la manufactura a una basada en información, entiéndase creatividad:[9]

“Support for, and development of, intellectual property is an essential element of this transition. Intellectual property is the fruit of human creativity and invention, and an economy based in information and content is, simply, an economy built on intellectual property. Intellectual property is unique as a driver of economic development, in part because it is not as geographically limiting as traditional economic resources are and can be as available to people in rural communities as to those in rural areas. The new economy thus presents opportunities that were formerly impossible; areas isolated by geography, by their rural character or by other socio-economic demographics are no longer economically isolated.”[10]

 

Al evaluar el potencial que tiene la industria creativa para generar debemos considerar que para el año 2005 la economía creativa estaba valorada en $2.7 trillones de dólares a nivel global. Al comparar esta cifra con el producto interno bruto del mundo para ese año, que de acuerdo al Banco Mundial era de $44 trillones de dólares, la economía creativa representaba el 6.1% del mercado global.[11]

            Además de los beneficios económicos que nos puede brindar la fomentación de una economía creativa, debemos resaltar la capacidad que tiene para generar riqueza social. Con riqueza social nos referimos a los beneficios extra-monetarios que impactan no solo al individuo creativo, sino a su entorno. La persona creativa, al ser, como ya hemos observado, un generador de riquezas, se auto-capacita para un actor en lugar de quedarse como un mero observador. El individuo activo en su propia formación adquiere una actitud de emprendimiento que, si no lo tenía antes, le sirve también como herramienta para ejercer una influencia sobre su entorno inmediato. Nos parecen correctas las siguientes consideraciones de Robin Paul Malloy en cuanto al emprendimiento: “In my view, all entrepreneurship, no matter what category, involves some social aspect because entrepreneurship necessarily occurs in a social context. Entrepreneurship arises from Exchange and human interaction. It does not occur in isolation.”[12] Como podemos observar, el individuo creativo-emprendedor, quiéralo o no, se convierte en un ejecutante de progreso socioeconómico ya que al estar consciente de la capacidad que tiene para generar un bien de una idea, adquiere un sentido de autosuficiencia que estimula una actitud de ejecución de ideas. Esta conciencia de sí mismo tiene la característica de propagarse por la comunidad y motiva al individuo a estimular un cambio a su alrededor, siendo proactivo para mejorar su entorno. Nos asiste nuevamente el Creative Economy Report 2013 de la UNESCO con este razonamiento cuando reza lo siguiente:

“Investing in culture and the creative sector as a driver of social development can also lead to results that contribute to the overall well-being of communities, individual self-esteem and quality of life, dialogue and cohesion. These results generated from fostering the cultural and creative industries may be harder to quantify, but are no less important.”[13]

 

Con toda la información anterior en mente, podemos concluir que la creatividad es una fuente de riqueza sumamente viable para la creación de oportunidades y crecimiento. Claro, la creatividad por si sola y sin el apoyo de un programa comprensible de desarrollo no es la respuesta a todos los problemas que puede tener una sociedad. Hay otros factores como la educación, la salud y el acceso a la información que juegan un papel protagonista en facilitar u obstaculizar un mejoramiento socioeconómico. Pero a la medida que cobremos conciencia del enorme potencial que tiene la creatividad humana en generar riquezas dentro de una economía que las valore, como es la economía creativa, podremos disfrutar de los frutos que nos brinda el intelecto humano en su forma colectiva e individual, así mejorando nuestro entorno socioeconómico y fomentando un ambiente de emprendimiento.

[1] Incluimos la manifestación “expresa” ya que entendemos que como sociedad hemos desarrollado una concepción que le impone al proceso creativo la característica de estar circunscrita a las manifestaciones artísticas. Por ende, la creatividad empleada de una manera que no sea percibible por los sentidos fácilmente, se puede considerar como “tacita”. Aclaramos que no concordamos con esta noción.

[2] John Howkins, The Creative Economy How People Make Money From Ideas 4 (Penguin Group) (2nd prtg. 2007)

[3] Megan M. Carpenter et al. Creativity, Law and Entrepreneurship 4 (Shubha Ghosh & Robin Paul Malloy eds., 2011)

[4] United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization, Creative Economy Report 2013 Special Edition 10 (United Nations Development Programme 2013)

[5] Richard Florida, The Rise Of The Creative Class Revisited 304-305 (Basic Books 2014)

[6] John Howkins, The Creative Economy How People Make Money From Ideas ix (Penguin Group) (2nd prtg. 2007)

[7] Richard Florida, The Rise Of The Creative Class Revisited 24 (Basic Books 2014)

[8] Howkins, The Creative Economy How People Make Money From Ideas xi-xii (Penguin Group) (2nd prtg. 2007)

[9] Aclaramos que no ignoramos el debate en la comunidad jurídica en cuanto a la necesidad de cambiar o no el derecho aplicable a la propiedad intelectual ni descartamos otras alternativas de protección. La lista no es taxativa.

[10] Megan M. Carpenter et al. Creativity, Law and Entrepreneurship 51 (Shubha Ghosh & Robin Paul Malloy eds., 2011)

[11] John Howkins, The Creative Economy How People Make Money From Ideas 86 (Penguin Group) (2nd prtg. 2007)

[12] Megan M. Carpenter et al. Creativity, Law and Entrepreneurship 13 (Shubha Ghosh & Robin Paul Malloy eds., 2011)

[13] United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization, Creative Economy Report 2013 Special Edition 10 (United Nations Development Programme 2013)

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